El eco de la reunión aún resonaba en la oficina de Agatha cuando se levantó al día siguiente. La mezcla de emoción y nerviosismo la mantenía en un estado de alerta constante. A medida que pasaban las horas, la incertidumbre crecía. Sabía que Al-Fayed no se quedaría de brazos cruzados después de la reunión; las palabras de Agatha, su desafío a la autoridad, probablemente resonarían en sus oídos.
El ambiente en la oficina era electrizante. Algunos empleados la miraban con admiración, mientras que