La mañana llegó con el aroma del café recién hecho y los rayos del sol filtrándose a través de las cortinas de la sala. Agatha se encontraba en la cocina, preparando el desayuno. Estaba distraída, recordando la conversación de la noche anterior con Samer. Sentía que, por primera vez, había logrado romper una de las barreras que él siempre mantenía en alto.
Samer apareció en la puerta, todavía en pijama, con el cabello desordenado. Su presencia llenó el espacio, y Agatha no pudo evitar sonreír a