El sol brillaba intensamente, iluminando la mansión de Samer con una calidez que parecía contrastar con la tensión que Agatha había sentido en las últimas semanas. Se había decidido a explorar más sobre su nueva vida, a abrirse a las posibilidades que se presentaban ante ella. La incertidumbre seguía presente, pero había una parte de ella que estaba ansiosa por conocer a Samer en un nivel más profundo.
Esa mañana, Agatha decidió preparar el desayuno. Se sentía extraña en la cocina de la mansión