Agatha se adentró en la mansión, sintiendo que cada rincón estaba lleno de secretos. La decoración, aunque lujosa, tenía una calidad inquietante. Las paredes estaban adornadas con retratos de personas que la observaban con miradas intensas, como si conocieran historias que ella no entendía. La opulencia del lugar contrastaba con la confusión que sentía en su interior. Mientras exploraba, la duda la asediaba: ¿Qué lugar ocupaba realmente en el mundo de Samer?
Se sentó en un sofá de terciopelo en