La noche era silenciosa, pero Agatha no podía dormir. A pesar de las palabras tranquilizadoras de Samer, su mente seguía dándole vueltas a la conversación con Aziz. ¿Hasta dónde estaba dispuesta a llegar en su confianza hacia Samer? Se levantó de la cama sin hacer ruido, mirando a su alrededor en la oscuridad, con solo la luz de la luna entrando por la ventana.
Decidió que necesitaba respuestas. No podía seguir ignorando las señales. Quizá no debía esperar a que Samer le contara todo. Si él no