El día siguiente amaneció con un leve sol que parecía reflejar el estado de ánimo de Agatha. Tras su decisión de abrirse a la posibilidad de algo con Samer, un torrente de emociones la acompañaba en cada paso que daba. Había una mezcla de alivio y expectativa, pero también la sombra de la duda se mantenía a su lado, como una sombra que se rehusaba a desaparecer.
Esa mañana, mientras se preparaba para el día, miró al espejo y se encontró a sí misma vacilante. ¿Realmente estaba lista para todo lo