Agatha caminaba sola por los pasillos del palacio, envuelta en una sensación de inquietud. Las palabras de Harun seguían resonando en su mente: “Todo tiene un precio”. Sabía que aquel hombre no había accedido a ayudarlos por simple interés estratégico; había algo más que no lograba descifrar, pero tarde o temprano lo descubrirían.
Llegó hasta una gran ventana que daba al jardín principal y se quedó allí, observando cómo la brisa movía suavemente las hojas de los árboles. El ambiente sereno del