La noche continuaba siendo una trampa oscura, y aunque el refugio en el que estaban les ofrecía una ilusión de seguridad, Agatha no podía sacudirse la sensación de que algo estaba muy mal. Samer se había retirado a la otra habitación con Amir, dejándola sola de nuevo. Sin embargo, el sueño no regresaba.
Agatha caminó lentamente por la habitación, con sus pies desnudos apenas haciendo ruido sobre el suelo de madera. Su mente era un remolino de pensamientos. Todo lo que había aprendido en los últ