La mañana llegó rápidamente, pero el descanso había sido superficial. Agatha se despertó con una sensación de inquietud que no podía sacudirse. El aire estaba cargado de tensión, como si el mismo mundo estuviera conteniendo la respiración, esperando que algo inevitable ocurriera.
Samer ya no estaba en la habitación cuando abrió los ojos, pero podía escuchar su voz hablando en voz baja desde el otro lado de la puerta. Se levantó lentamente, sintiendo los músculos tensos por la falta de descanso.