La noche había caído con una pesadez inusual, envolviendo la ciudad en un manto de oscuridad casi palpable. Agatha se encontraba en la pequeña habitación del refugio, un lugar alejado de la vida cotidiana, donde las paredes parecían susurrar secretos de antiguos temores. El brillo de una lámpara tenue iluminaba el rostro de Samer, que se mantenía de pie frente a ella, con la mirada fija en el horizonte.
El aire estaba cargado de tensión, algo que no podían ignorar. La traición había tocado sus