La habitación estaba en silencio absoluto, salvo por el leve sonido de la lluvia golpeando contra las ventanas. Agatha estaba sentada frente a la mesa, observando el documento que tenía frente a ella. No podía creer lo que acababa de leer. Todo este tiempo, había sido un juego mucho más grande de lo que había imaginado.
Samer estaba de pie cerca de la ventana, su figura recortada por las luces tenues de la ciudad. Había algo en su postura que no pasaba desapercibido: la tensión en su cuello, la