El amanecer trajo consigo una atmósfera tensa en la mansión. Agatha se levantó con la sensación de que el día sería crucial. La carta de Samer seguía presente en su mente, un recordatorio constante de las complicadas emociones que lo rodeaban. Mientras desayunaba, una parte de ella sabía que no podía seguir ignorando las verdades que Samer había estado ocultando.
El desayuno transcurrió en silencio, con Samer concentrado en su teléfono. Agatha aprovechó la oportunidad para observarlo con más de