La noche estaba más oscura que de costumbre, y el aire frío parecía envolverlos en una capa de incertidumbre. Samer observaba en silencio el horizonte, como si cada estrella en el cielo tuviera una respuesta que aún no había llegado. Agatha, a su lado, no podía dejar de pensar en los próximos pasos que debían tomar. La amenaza estaba más cerca que nunca, y no podían permitirse otro error.
—Lo hemos perdido —dijo Agatha, rompiendo el silencio, su voz tensa pero controlada. Se giró hacia Samer, q