El impacto de las últimas horas aún latía en la mente de Agatha mientras el grupo se reaglutinaba en un salón amplio, alejado del caos del exterior. Las paredes, reforzadas con acero, ofrecían una seguridad momentánea, aunque el ambiente estaba cargado de tensión. Samer estaba frente a un monitor, revisando información mientras hablaba por teléfono en un tono que bordeaba la agresividad contenida.
Agatha, sentada en una esquina, observaba a los demás miembros del equipo. Todos parecían agitados