El convoy avanzaba por un terreno árido y hostil, con los vehículos formando una línea perfectamente calculada. Samer lideraba el grupo desde el primer coche, mientras Agatha compartía el asiento con Khaled en el segundo. Aunque el aire acondicionado mitigaba el calor sofocante, la tensión era imposible de ignorar.
—¿Qué opinas de todo esto? —preguntó Khaled, rompiendo el silencio.
Agatha lo miró, desconcertada.
—¿De qué exactamente?
Khaled sonrió levemente, aunque su expresión seguía siendo se