La tensión en la mansión era palpable al día siguiente. Aunque la seguridad se había duplicado, Samer no estaba satisfecho. Sus movimientos eran rápidos y calculados, como si su mente estuviera varios pasos por delante de los demás. Mientras tanto, Agatha intentaba mantener la calma, pero el mensaje de Jaber rondaba en su cabeza como un eco persistente.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó Agatha mientras lo observaba revisar documentos en el despacho.
Samer levantó la vista, sus ojos oscuros refleja