El avión privado de Samer despegó en plena madrugada. La ciudad, que normalmente brillaba con luz, ahora parecía un fantasma, envuelta en un silencio inquietante. Agatha miraba por la ventana, con el estómago revuelto. Aunque Samer estaba a su lado, su expresión era un reflejo de tensión y alerta.
—¿Adónde vamos exactamente? —preguntó ella, rompiendo el silencio.
—A una propiedad fuera del alcance de cualquiera, incluso de Jaber. Es un lugar seguro.
Agatha asintió, aunque sus pensamientos eran