La cabaña en la que habían decidido reunirse se alzaba en un claro rodeado de árboles frondosos. Su aislamiento proporcionaba la privacidad necesaria para la misión que Agatha y su grupo estaban a punto de emprender. Al llegar, Agatha sintió un alivio al ver el lugar: era cálido y acogedor, una especie de refugio en medio de la tormenta.
—Este lugar es perfecto —dijo Samer, mientras recorría el interior con la mirada—. Nadie se atreverá a venir aquí.
Agatha asintió, sintiéndose más aliviada por