La tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo. Jaber observaba a Samer y Agatha como un depredador estudiando a su presa, sin mostrar un atisbo de miedo. A su alrededor, los monitores brillaban con imágenes de seguridad y gráficos que detallaban las operaciones ilícitas que había llevado a cabo durante años.
Samer mantuvo su posición, firme, mientras sus hombres aseguraban la puerta. Agatha, por su parte, avanzó un paso, su respiración controlada y su mirada fija en Jaber. Era un moment