La sala estaba iluminada tenuemente por las luces rojas que parpadeaban en las pantallas de los equipos. Agatha, Samer y los pocos aliados que quedaban en su círculo estaban reunidos en la vieja base, el último refugio seguro. Cada uno de ellos sabía que este sería el momento decisivo. No había más tiempo para distracciones. Jaber había jugado su carta, y ahora les tocaba a ellos.
Samer observó con atención a los demás en la sala. Dmitri estaba preparando las comunicaciones, sus dedos moviéndos