La noche se deslizaba lentamente, el sonido del bosque rodeando la cabaña donde Agatha, Samer y Zain se habían refugiado. Mientras revisaban sus planes, Agatha no podía evitar sentirse abrumada por la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros. Sabía que el tiempo era esencial, y que cada decisión que tomaran podría cambiar el rumbo de sus vidas.
—Necesitamos actuar rápidamente —dijo Samer, rompiendo el silencio que había caído sobre ellos—. Si Al-Fayed se entera de que estamos aquí, será un