Caine
La sala de curación estaba demasiado silenciosa y eso me afectaba negativamente. No ayudaba que el silencio que me envolvía no fuera ni pacífico ni sagrado.
Era de esos silencios que esperan. Me quedé de pie junto a la cama de Tamar, mirándola fijamente a la cara. Los sanadores se habían marchado hacía minutos, dejando tras de sí el amargo aroma de hierbas machacadas y algo metálico que flotaba en el aire.
Así se veía más pequeña, demasiado inmóvil, y odiaba que me doliera tanto.
Durante