Caine
Llevaba dos días sin salir, no porque no pudiera, sino porque no quería.
Las paredes de mi habitación se habían convertido en algo completamente distinto: ni una prisión, ni un refugio, sino un lugar donde todo permanecía exactamente donde lo dejaba. Nada se movía a menos que yo lo permitiera, y nada cambiaba a menos que yo lo obligara.
Estaba todo bajo control, algo que no se parecía a nada más en mi vida en ese momento.
Me quedé de pie junto a la ventana, inmóvil, con la mirada fija en