Reina
No desperté de golpe, y todo lo demás llegó poco a poco.
Primero, el peso en mi cabeza, denso y palpitante, como si algo se hubiera instalado detrás de mis ojos y se negara a moverse. Luego mi respiración, más lenta de lo normal, demasiado pausada, como si mi cuerpo estuviera esquivando algo en lugar de atravesarlo, y después la consciencia.
No la que proviene del miedo, sino de algo más. Abrí los ojos lentamente, mi visión se nubló antes de estabilizarse. El techo sobre mí era desconocid