Capítulo 80

Salí del baño como quien sale de un búnker después del bombardeo.

Lorenzo estaba de pie junto a la cama, con los puños cerrados y esa mirada de perro de presa que huele el miedo.

Esperaba una pelea. Esperaba más resistencia, más gritos, más excusas sobre úlceras y estrés.

Necesitaba tiempo. Y la única forma de comprar tiempo con Lorenzo Castillo era con la moneda que él más valoraba: la sumisión.

Me detuve frente a él. Bajé la cabeza, dejando que mi pelo cayera sobre mi cara como una cortina de
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