Capítulo 32

Doce horas.

Llevaba doce horas desconectada del mundo. Para una CEO, eso era equivalente a que le cortaran el oxígeno.

No sabía si mis acciones habían caído, si la policía estaba abajo o si Mateo había quemado el yate.

Caminé por la suite como una leona enjaulada, con la bata de seda negra ondeando a mi alrededor.

Miré por la ventana blindada. El jardín estaba oscuro y silencioso.

Necesitaba una conexión. Necesitaba enviar una señal de humo digital. Y solo había una persona en esta casa con la
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