La invitación llegó en una bandeja de plata, literalmente.
El mayordomo la dejó sobre la mesa del desayuno, justo entre mi café y el silencio hostil de Lorenzo. Era una cartulina gruesa, color crema, con letras doradas en relieve.
Fiesta Anual del Solsticio. Yate Imperio. Puerto de Valencia. Zarpa: Viernes, 18:00h.
El yate. La joya flotante de los Castillo. El mismo yate que Mateo y yo planeábamos hundir legalmente.
—Es obligatorio —dijo Lorenzo sin levantar la vista de su periódico financiero—