Capítulo 127

Volver a la mansión Castillo no fue un regreso a casa. Fue un traslado de prisión.

El coche blindado cruzó la verja de hierro, ahora reforzada con cámaras de reconocimiento facial y sensores de movimiento.

El jardín, antes un oasis de rosas, estaba patrullado por hombres con auriculares y trajes oscuros.

Lorenzo no había reparado en gastos. Había convertido su hogar en Fort Knox para proteger a su "milagro genético".

Me bajé del coche con dificultad. La cicatriz de la cesárea ardía bajo la faja
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