La hoja de papel blanco era ligera, pero al caer sobre la colcha de la cama de hospital, pareció pesar una tonelada.
Lorenzo, Mateo y Alejandro se quedaron paralizados, mirando el documento como si fuera una sentencia de muerte o un boleto de lotería ganador.
—Leedlo —dije, recostándome contra las almohadas, agotada pero con la adrenalina zumbando en mis oídos.
Lorenzo fue el primero en moverse. Arrancó el papel de la cama con una garra ansiosa. Sus ojos escanearon el texto, saltando la jerga m