El llanto de un recién nacido a las tres de la madrugada es un sonido diseñado evolutivamente para destrozar los nervios.
Me desperté de golpe, con el corazón acelerado y los pechos goteando leche por el reflejo condicionado.
Miré a mi lado. Lorenzo dormía. O eso parecía. Estaba tumbado boca arriba, inmóvil, con esa rigidez de estatua que había adoptado desde el nacimiento.
Quizás estaba agotado por la vigilancia constante. O quizás fingía, esperando ver si yo cumplía mi función de madre perfec