El silencio cálido que envolvía a Ari y Rafael se quebró cuando la puerta se abrió con urgencia.
—¿Ari? ¿Estás bien? —preguntó Momo, entrando junto a Sofía, con el ceño fruncido.
Las dos se detuvieron en seco al ver la escena: Rafael recostado con Ari en brazos, cubriéndola con su cuerpo sin invadirla, como un escudo vivo. Los ojos de Ari estaban cerrados, pero no dormía; simplemente, descansaba… por fin.
Sofía, como Alfa, percibió enseguida el lazo latente. Momo, como Beta, lo sintió en la ten