Tras su pregunta, el sacerdote clavó sus ojos en Zeth, quien, con suavidad, apretó la mano de Anna.
―Lo estoy ―
― ¿Y usted? ―le preguntó Landon a Anna
―Lo estoy… ―dijo Anna ignorando los deseos que sentía por escapar de aquel lugar
― ¿Están decididos a llegar hasta el final de esta ceremonia a sabiendas de que, una vez concluida, ambos serán uno por el resto de la eternidad? ―
―Lo estamos ―dijeron ambos al mismo tiempo
―Siendo así, con la bendición de nuestra sagrada diosa, procedo con esta cer