Capítulo 1.2: Perseguidos.
Irritado, Alastor clavó su mirada en los lobos, los cuales, extrañamente, no se movían de su lugar ni lo atacaban.
“Sin dudas, Alastor” ―le gruñó Aníketos ― “No tenemos que hacerlo solos”
― ¡Bien! Esto es lo que haremos ―exclamó antes de girarse a sus seguidores ―Dante, tú vienes conmigo, tú y yo iremos por esos dos ―
―Cómo digas alfa ―dijo Dante acercándose a él con cautela
―Espera, ¿vas a arriesgar la vida del compañero de tu hija? ―preguntó Paimon
―Precisamente porque es el compañero de mi h