19. Un mundo sin ella
La habitación está vacía.
El eco de mi respiración es el único sonido que resuena entre las paredes blancas del hospital. Lena no está. Por un instante, el pánico me devora desde dentro. Miro la cama revuelta, las sábanas aún tibias, el rastro de su fragancia impregnado en el aire. La puerta se queda entreabierta, como si alguien hubiese salido apresuradamente, dejando atrás solo el vacío.
Mis latidos se disparan.
No puede haber desaparecido. No ahora.
Salgo al pasillo con pasos torpes,