Tan enfermo… pero tan besucón.
Scarlet se quedó congelada. Su garganta se secó de inmediato.
Ese lugar... el último piso era el mismo que vio en aquel sueño erótico con Derek.
—¿Por qué estás tan roja de repente? —preguntó Derek con tono travieso, estirando la mano para acariciarle la mejilla.
Ella dio un respingo y se apartó, incómoda.
—¿Por qué el CEO hace regalos tan caros, ah? —espetó, cruzándose de brazos.
Justo entonces, Derek frunció el ceño con fuerza y se llevó una mano al pecho.
Un hilo de sangre le manchó la comis