Al entrar al baño, activó la regadera de lluvia térmica. El vapor pronto llenó la habitación, y él la dejó suavemente en el mármol del asiento dentro de la ducha. Las gotas de agua caliente comenzaron a recorrer su espalda y sus muslos… y ahí fue cuando Derek vio los moretones.
Sus dedos se quedaron quietos sobre su piel.
—Mierda… —susurró mientras recorría con ternura cada marca violácea en su cintura, muslos y caderas.
#Eso fue todo tú, grandote. Me acusaste de ser brusco, pero pareces una tr