Nada más que una sirvienta.

El área de combate se llenó de tensión cuando seis lobos formidables entraron. Dos eran torres de músculo, pero los otros cuatro, aunque menos atléticos, a pesar de sus rostros pálidos, delataban que aún debilitados seguían siendo armas letales.

Derek, al notar la distancia que Scarlet había puesto entre ambos, se acercó. Tomó su mano y, con un gesto cariñoso y posesivo a la vez, le besó el dorso.

—Mi luna… hay cosas que naturalmente no puedes hacer, y yo había planeado hacerlas en tu lugar.

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