«¿Qué me esperaba? Lo bueno nunca dura…», pensaba Scarlet mientras observaba la habitación compartida a la que la habían trasladado. Su corazón estaba un poco encogido. Adiós sábanas suaves. Adiós frutitas frescas. Adiós glamour VIP.
«De vuelta a la triste realidad». Soltó un suspiro.
«Naturalmente, el CEO no iba a pagar una habitación privada para una empleada simple como yo. Ni que fuera su prometida secreta».
Y justo cuando empezaba a hacerse a la idea de convivir con ronquidos ajenos y cort