Encuentro con el infiel.
A la mañana siguiente, con las ojeras de panda marcadas bajo los ojos, Scarlet cruzó el pasillo central del laboratorio con pasos rápidos.
Llevaba la bata mal abrochada y los lentes deslizados a media nariz.
Tenía el corazón agitado… y no solo por el café que había tomado a toda prisa, sino por la larga noche que pasó junto a Zhana, que no dejaba de repetir que aquel lobo volvería.
—Scarlet —la voz de Leo la detuvo en seco.
Ella giró la cabeza, encontrándolo apoyado contra la puerta de la sala