El alfa marca territorio.
Con la mano temblorosa sobre el pomo dorado de la puerta que decía "Directora Ejecutiva", Scarlet aún no podía creerlo. ¿En qué momento su vida había dado ese giro tan radical? Hasta el olor del barniz le parecía más caro.
Tragó saliva, se alisó el cabello y empujó la puerta, todavía dudando que ese despacho fuera realmente suyo.
Apenas la abrió, una lluvia de confeti le cayó encima como una explosión de colores, y un chillido agudo le perforó el oído izquierdo.
—¡Amigaaaaa, felicidades! —gritó