Cuando el rey se enfurece.
Derek sacó del bolsillo el colgante, aquel artefacto sagrado que solo debía usarse para identificar a la luna destinada, y se lo mostró con gesto frío.
La mujer, apenas lo vio, dio un paso al frente, como empujada por la culpa.
—¿Cómo obtuvieron esto?
Los dos se miraron, tensos.
—Supremo… fue su padre quien nos lo entregó —confesó la mujer, sin rodeos—. Nos dijo que seríamos recompensados, que seríamos vanagloriados por todas las manadas… tratados como reyes. Solo teníamos que perseguirlo y con