Un favor.
Miró al hombre sentado frente a él, luego a los documentos que estaban sobre el escritorio.
—Como verás, todo el dinero está ahí —señaló el hombre, apuntando los documentos.
—Imaginé que esto ocurriría —comentó, soltando una risita sin humor—. No hice un préstamo.
—Lo sé —concordó el otro—. Pero seamos realistas, él lo haría de todas maneras. Tarde o temprano.
—No tocaré ese dinero. Es de él —aseguró con seriedad, mirando al hombre mayor—. Tengo que pedirle otro favor.
—Por supuesto. Ya sabes q