Capítulo 65. Después de la Guerrera
RANDALL
El eco metálico de la puerta cerrándose resonó en las paredes de mi oficina, dejando tras de sí un silencio que se sentía mucho más denso y cargado que de costumbre. Me quedé de pie, inmóvil como una estatua de granito, con el vaso de cristal tallado todavía en la mano. El calor del whisky comenzaba a evaporarse, pero yo aún podía sentir la punzada de esa risa seca que me había provocado ver a Anna atragantarse con el licor. Fue una vulnerabilidad tan inesperada, un recordatorio físico