Capítulo 84. El despertar de la bestia
RANDALL
El pitido monótono, rítmico y exasperante del monitor cardíaco se había convertido en el telón de fondo de mi propio infierno personal. Abrí los ojos con una pesadez inmensa, pero mi mente se negó por completo a registrar el techo blanco e impersonal de la habitación del hospital; en su lugar, la pantalla de mis recuerdos proyectaba una y otra vez el rostro aterrorizado de Anna, su grito desgarrador ahogándose en el aire húmedo de la noche mientras Bratt la arrastraba violentamente haci