Capítulo 23. La Sombra del pasado
ANNA
La mañana en Paddington se había desplegado con una placidez engañosa. Londres parecía ofrecerme, por fin, un respiro. La luz matinal se filtraba entre nubes de un gris perla, pintando las fachadas de ladrillo con tonos cálidos mientras caminaba con una confianza recién descubierta hacia la parada del autobús. Incluso el claxon de un taxi y el murmullo de las conversaciones a mi alrededor, ahora familiares, no lograban perturbar mi incipiente normalidad. Sonreí al recordar mi odisea en el