Capítulo 22. Un Rostro Familiar
RANDALL
El aire denso y viciado del St. Jude’s Hospital se había incrustado bajo mi piel durante el último mes, como un parásito que se alimentaba de mi energía. Era un recordatorio físico constante de la fragilidad de la vida y de mi propia, y frustrante, impotencia.
Los pitidos rítmicos de las máquinas, las conversaciones en susurros que morían al doblar las esquinas y los rostros de otros familiares, marcados por la misma máscara de agotamiento que yo portaba, eran ecos de una incertidumbre