Elsa condujo hasta las residencias de Damián con la adrenalina de una fugitiva. Había aceptado la cita, no por la promesa de la pasión, sino por la necesidad de una confrontación honesta. Al verlo, toda su resolución se derritió. Damián estaba recostado contra su coche, la mirada de ojos verdes una mezcla de alivio y deseo.
El encuentro comenzó con la conversación que se debían. Elsa abordó el tema de Camila y el video, exigiendo saber si era un peón. Damián, con una seriedad que rara vez usaba