60. La guinda al pastel.
Cuando llegamos, el lugar está tan mal iluminado como esperaba. Los alrededores están llenos de coches lujosos, pero el edificio parece desmoronarse. Lo clásico, pienso. Grandes hombres con grandes egos, pero siempre eligen esconderse en lugares que se caen a pedazos. Supongo que creen que los hace parecer más duros.
—¿Entramos de una? —pregunta Luis, encendiendo otro cigarrillo.
—No. Vamos a observar primero. Quiero ver quién entra y quién sale antes de mostrar mi cara.
Nos quedamos en el coch