35. El peligro no ha pasado.
Horas después, aterrizamos en un pequeño aeródromo, apenas una pista iluminada por unas cuantas luces amarillentas. Me despierto con una sacudida suave mientras el avión rueda hacia un hangar aislado. El piloto, tan silencioso como siempre, baja del avión y me hace un gesto para que lo siga. La noche está fría, pero no tanto como la atmósfera que dejo atrás.
Al bajar del avión, un coche oscuro me espera, y un hombre de aspecto serio, vestido de negro, me abre la puerta. No pregunta, no se prese