108. Nunca con Vicente.
La habitación parece más pequeña cuando Vicente me tiene en sus brazos, como si el aire estuviera saturado de su poder y peligro. Cada movimiento suyo está cargado de esa mezcla mortal de deseo y control, y yo juego mi papel a la perfección. Me dejo llevar, pero siempre con una parte de mí calculando, observando, anticipando.
Su beso es intenso, casi violento, pero no es nada que no pueda manejar. Es parte del juego. En realidad, todo lo es. Vicente, con todo su poder y su capacidad para destru